Perdida en un mundo perdido. Buscando en un mar de dudas, de posibilidades, de incertidumbres. Sumida en un pozo de vacío, lleno de nada. Sin un objetivo a la vista, navegando sin rumbo, a la espera de que otro envite de las olas me lleve a alguna parte, expectante al próximo golpe, y hacia donde me dirigirá, aunque me acabaré moviendo, como siempre, en círculos, y llegaré al mismo sitio, y así hasta que el mástil se parta, hasta que el casco se agriete, por culpa de un iceberg, y me hunda, y lo peor es que no tengo botes salvavidas, los dejé en puerto, no los necesitaba...
¿Y ahora qué? Ya sin mástil, sin remos, sin una forma de salir de aquí, supongo que bajaré el ancla, y me quedaré aquí, al menos, estaré protegida, las olas ya no me influirán, sólo me queda esperar, o el iceberg, o una ráfaga de viento que me lleve al país de Oz, como al mago. Y allí tendré que ponerme una máscara, para estar protegido, para que la gente me tema y no se acerque, pero bueno, todo llegará, sólo hace falta un poco de viento...
Pero todo cambio, todo giro o permuta del rumbo no hace sino enseñarnos nuevos paisajes, abrir ante nosotros un mundo de posibilidades, de oportunidades, siempre hacia delante, por encima de todo sigue siempre adelante, y cuando mires hacia atrás no creas que ese tiempo fue mejor, cada una de esas decisiciones, cada elección tomada anteriormente son las que configuran la situación actual, la vida es la suma de todas esas decisiones, y por eso no podemos quedarnos mirando, tenemos que actuar, ya que la siguiente elección que hagamos puede ser la correcta, o no serlo y continuar intentándolo, no importa, siempre que tengas la decisión suficiente como para aceptar nuestras decisiones y esperar deseosos la siguiente elección, nos lleve donde quiera que nos lleve.

Avocados a perdernos en un cruce sin caminos.